El final del verano

Por dónde empezar no parece demasiado fácil, y además ando tarde en lo que se refiere a la temporada. Me hubiera gustado empezar a escribir en agosto y así poderte dar ciertas pautas a la hora de empezar a equiparte para el otoño-invierno. Pero se hace lo que se puede, además las vacaciones son sagradas.
Hay tanto que contar que, como te decía, es difícil empezar. De todas formas la temporada viene cargadita. Como cada otoño, inevitablemente, llega el minimalismo de la mano del negro, color estrella de la temporada. Así que espero que hayas aprovechado el verano para lucir tus vestidos florales, esos colores ácidos en tus prendas. Y que te hayas atrevido absolutamente con todo. Porque el verano es lo que tiene, es esa estación del año en la que nos relajamos y nada importa, por no decirte que estamos más guapas. Tú seguro que sabes, mejor que nadie, que en verano se liga más. No hay nada como verse guapa para que todos te miren. Nunca vas a ser más joven de lo que eres hoy y si hoy no te atreves mañana será imposible. Súper-importante hay que animarse con todo, todo y todo. Nunca dejes nada en el armario sin usar.
Aunque estés deseosa de sacar ese abrigo maravilloso que te compraste en rebajas y apenas te lo pusiste, o de estrenar esos botines de piel troquelada, que te compraste ayer mismo, espera y saca chispas a tu vestuario de verano, que el invierno es muy largo. Y nos aburriremos de abrigos, botines y jerseys de lana. Explota las sandalias y luce esa pedicura, que luego llega el invierno y hasta te olvidas de que tienes pies -yo por lo menos-, y es una verdadera pena. De hecho me voy a proponer muy en serio el seguir cuidándolos, que seguro que así aguantan mejor las largas jornadas de tacones..

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