Golf, golf, golf…

Siguiendo con la península de Monterey, tuvimos la oportunidad de visitar varios campos de golf. Nunca he sido una fanática del golf, más bien poco, aunque en su momento hasta me saqué el handicap. Le llegué a coger el gustillo, pero pronto llegaron los niños y resulta imposible intentar mantener la vida tal y como era. Por lo menos para mí y entre otras cuantas cosas el golf ha desaparecido de mi vida. Pero aquí dan ganas de ir a jugar, así que puede que en un futuro cercano retomemos la actividad.

¿Sabéis cuál es la diferencia de esto frente a aquello? Aquí te cuidan a los niños en cualquier sitio, hasta en salones de belleza, siempre que sean un poco grandes, claro.  Muchos de los sitios tienen pequeñas guarderías incorporadas en sus centros y eso es una maravilla.

Éste es el campo de golf de Pebble Beach. Simplemente por sus vistas y el entorno merece la pena visitarlo, aunque no le vayas a dar a la bola.Hubiera sacado alguna que otra foto más, pero me quedé sin batería justo al empezar la sesión de fotos. ¡Qué rabia! Como me han gustado cómo ha quedado el colorido de estas fotos, no me he podido resistir a enseñároslas.

Ya os he contado que me he cogido unos kilitos, y este pantalón y otro que tengo del estilo me están salvando el tipo porque no entro en los vaqueros y estoy aburrida. Así que no me los quito: lavar y poner. Me niego a comprar pantalones más grandes… tengo que entrar en los míos, aunque todavía no sé cómo hacerlo.

¿Algún consejo inteligente?

Pantalón de pinzas: Tantra // Jersey: JCrew// Foulard: Louis Vuitton// Bolso: Loewe

El campo de Pebble Beach está justo en la costa, así que os podéis imaginar las vistas… y justo en la misma zona tenemos al Lone Cypress, un ciprés que tiene 250 años y que está ahí solito-. Una vista preciosa, ¿verdad?

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