Espía como puedas…

Dos de septiembre.

Lunes.

Día uno a efectos de seres trabajadores.

Entre ayer y hoy habremos leído al menos tres reportajes sobre la operación salida, el tedioso retorno al hogar para los que tuvieron la suerte de viajar en vacaciones y, sobre todo, del síndrome postvacacional.

Ese es el nombre científico que han dado los psicólogos al estresante terror que nos produce volver a nuestros destartalados hogares.

Pero yo me resisto a dejarme llevar por la mayoría. Y voy a confirmar lo que muchos sospechaban: nos gusta espiar.

Hombres y mujeres. Pero sobre todo a nosotras. Da sensación de control. Y las redes sociales nos lo ponen muy fácil.

¿Quién no ha estado en una fiesta ha visto a otra chica y ha dicho su nombre -y apellido- porque es amiga de una amiga en Facebook?

¡Son cosas que pasan!

Aunque no queramos… -bueno, un poco sí, que nos gusta investigar…admitámoslo- Y es que esas tardes de domingo en que la película de sobremesa que echan por televisión nos aburre encendemos el ordenador (llámese también móvil, tableta o Cristoquelofundó -sí, así, todo junto, que soy espía pero en el ámbito tecnológico todavía soy un triste pececillo- ) y buscamos.

Lo normal es hacer primero un “barrido” por las últimas noticias de la gente que tenemos agregada. Luego solo pueden pasar dos cosas:

1. Te pasas a ver los últimos movimientos de tus amigos. Les das los “me gustas” correspondientes. Lo haces porque de verdad te gustan, porque son guapos y tú los ves así y porque sabes que como amiga está en el código producir alegría en la gente que aprecias. Es así.

2. Te das cuenta de que alguien a quien hace tiempo que no ves ha colgado fotos. Ya puede ser porque se ha ido de viaje o porque se le ha volado la cabeza. Ambas respuestas son plausibles. Normalmente esta persona está en tu red social porque la conoces de vista, estudió contigo cuando eras pequeña, o la viste una noche, te cayó bien y no te importó que formara parte del entramado de cotilleo que es tu vida. Son cosas que pasan.
En principio no estás al tanto de todo lo que hace, pero gracias a lo que “cuelga” te sabes hasta el nombre de su perro. Aquí no tienes que darle a “me gusta” si te parece una horterada. Aquí solo te informas y si tienes suerte, te echas unas risas.

3. Nos da igual y le damos a la barra de búsqueda -ojo con escribir ahí y no en el estado que podemos liarla parda, pero muy parda-. Escribimos SU nombre. Sí, el suyo, no vamos a andarnos con rodeos. Es quien nos interesa. Y punto.
Y miramos sus últimos estados y fotos.
Lo que piensa nos ocupa pero… con quien sale en fotos… ¡Nos preocupa! Porque un buen espía tiene localizadas a las amigas de toda la vida del susodicho y entonces cuando por casualidad aparece en una imagen una cara nueva nos entra la fatiga.
Especialmente si es guapa. Terriblemente si lo es.

Y entonces se convierte en pseudoarchienemiga. El título se lo concedemos más tarde, cuando apreciamos que además de ser guapa es lista y aunque no tenga verdadero interés en nuestro chico -no es relevante que lo sea del todo o no, en nuestra cabeza es propiedad absoluta, limitada e intransferible- es cariñosa con él.

Y ahí es cuando tú dices… ¿Pero pa´ qué? Sí, con el apócope. Porque te sale humo por las orejas y no tienes tiempo ni saliva para decir “para”.

Y Sherlock Holmes a tu lado parece Mortadelo o Filemón, porque tú en una tarde te sabes hasta donde tiene una marca de nacimiento la susodicha. Y te preguntas si estás loca -que no lo estás, te lo digo yo, la curiosidad ilimitada es innata en el ser humano, especialmente en el femenino-. Y la detestas. Ha quedado registrada en tu disco duro pero en el lado del mal rollo para toda la vida. Aunque se casa y tenga tres chiquillos. Y tus amigas, las del punto número uno, la odian contigo porque te quieren aunque se te vaya un poco la cabeza.

Ya. Sé que dije dos cosas, pero la verdad es que soy de letras, un desastre haciendo listas y, la verdad, me parece mal callar la misión principal que emprendemos cuando nos conectamos.

Siento decir que lo de encender el portátil para leer la prensa es una excusa para los compañeros -porque los amigos de verdad saben que somos espías-.
Lo hacemos para cotillear. Para enterarnos de las novedades del prójimo. Pero no es malo. De hecho es un acuerdo tácito entre los seres que poblamos las redes, porque sí, nos gusta tener fotos para recordar las cosas que vivimos, pero colgarlas en Facebook… ¡Eso es vicio! Y para algunos perversión…

Así que queridos amigos, sobre todo hombres -y perdón de antemano por la generalización- continúen con esa escasa privacidad -que no es más que presumir de #miraconcuantaspibitasmecodeo– y sobre todo, digan siempre la verdad porque nosotras al final, nos pasa como el padre de la niña de Catalana Occidente y nos enteramos de Todo, todo y todo.

Y es que la curiosidad habrá matado al gato, pero a nosotras nos hizo mucho más listas.

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